No suspiréis, niños y niñas… ¿por qué sufrir? Sed alegres, felices y disfrutad la vida. ¡Exhalad vuestras penas cantando: “Ay nana, ay nana”!

Y entonces hay poco más que decir. Esto es la obra, esto es nuestro proceso creativo y esto es lo único que queremos contaros.

Cuando propuse a este grupo de profesionales formar parte de ésta poco menos que utópica aventura eso mismo era todo lo que podía ofrecerles. Y resulta que este equipo es tan maravilloso que han convertido esa idea en trabajo duro (y no remunerado) para poder, sin perder en ningún momento el sentido lúdico de la vida y de la profesión, ofreceros esta noche con todo el amor del mundo un pequeño rincón de alegría y diversión. El simple hecho de conseguir que estéis leyendo esto es lo mejor que nos podía pasar, de modo que mil gracias por ser participes de nuestra utopía realizada.

Afrontamos el texto de Shakespeare de la forma más sencilla, más honesta y más respetuosa que sabemos, con el fin de romper las reglas del clasicismo y acercar la historia de estos seres humanos a este momento de nuestras vidas. La nuestras y las vuestras, espectadores que venís al teatro a escucharnos y jugáis parte fundamental de esta historia, como un personaje más, porque estos personajes necesitan de “su” público para transitar “su” historia y dar sentido a “sus” vidas.

Nuestro trabajo pasa por poner esos seres humanos contándoos su historia directamente, cara a cara, encima del escenario. Y resulta que ellos eligen hablar en verso para comunicar todo lo que les pasa porque no pueden hacerlo de otra forma, por lo que todo nuestro empeño como actores radica precisamente en eso, en comunicar y no en “encontrar la mejor manera de decir el verso” de Shakespeare…

…William….ay, ese tipo. Cuando uno trabaja con él, ya sea como director o como actor, y descubre una cosa nueva en su proceso creativo, se da cuenta en ese momento de que él ya había ido, había venido y se había tomado un café mientras te esperaba….y si suponemos que no fue futurólogo, sólo podemos concluir que sabía un poquito sobre el ser humano. Si hay algo que descubrimos en Mucho Ruido y Pocas Nueces con relativa facilidad es que los hombres y las mujeres seguimos haciendo las mismas tonterías cuando nos enamoramos que hace 400 años. Por tanto no tenemos otra opción (y tampoco queremos otra, la verdad) que dar todo el protagonismo de esta función a ese tipo….William Shakespeare.

Juan López-Tagle